Los “efectos perversos” de la proliferación de información

Area: Noticias Generales | 27/03/2020 |

Descripción

La circulación de información de dudosa rigurosidad y elaborada sobre rumores interfiere sobre los mensajes de los organismos oficiales.

Desde hace algunas semanas, la Argentina, y recientemente Mendoza, son tocadas por la pandemia de COVID-19 que tiene en vilo al mundo en su conjunto. El confinamiento obligatorio que ha adoptado el país, y que emula a las medidas tomadas por China y algunos países europeos, ha trastocado la vida cotidiana de una gran parte de la población mundial. Las familias circunscriptas al entorno doméstico han debido modificar hábitos básicos. Tareas fundamentales como concurrir al trabajo, a la escuela o visitar a familiares se tornan imposibles en este contexto. A esta situación extraordinaria que no conoce parangones en las últimas décadas, se suma una circulación inédita de información que alerta sobre la evolución de la pandemia, los espacios geográficos más tocados por el flagelo, los casos confirmados como “positivos” y las medidas adoptadas por los organismos competentes en materia de salud.

Sin embargo, y en paralelo, también han proliferado una serie de mensajes (videos, cadenas de WhatsApp y audios) que reproducen consejos, advertencias, y rumores sobre posibles infectados y exacerban la situación de tensión que atravesamos. Muchas personas han colaborado en hacer circular este tipo de información, que en la mayoría de los casos no está emitida ni por fuentes oficiales ni avalada por la comunidad científica nacional e internacional. Este fenómeno de alta circulación, ampliado por el uso intensivo de las redes sociales, ha producido lo que podría llamarse “efectos perversos” de la proliferación de la información.

Hace algunas décadas, el sociólogo francés Raymond Boudon recuperó el concepto “efectos perversos” utilizado ya por el norteamericano Robert Merton para explicar el impacto de las desigualdades sociales sobre el rendimiento escolar. Para Boudon, la simple yuxtaposición de acciones individuales, como por ejemplo las elecciones sobre la trayectoria escolar, conllevan a producir efectos colectivos no necesariamente deseados por los mismos individuos y perjudiciales para la sociedad en su conjunto. La vida social está plagada de estos “efectos perversos”. La excesiva proliferación de la información y el envío de mensajes de dudosa fiabilidad producen “efectos perversos”.

Cotidianamente recibimos y enviamos información sobre la pandemia con el ánimo de proteger a las personas próximas a nuestro entorno familiar, nuestros amigos y círculos de sociabilidad. Sin embargo, esos mensajes pueden ir en contra de las medidas dictadas por los organismos oficiales y la comunidad científica, producen un efecto estigmatizador y discriminador sobre la población que ha sido afectada por el nuevo coronavirus y profundizan la psicosis colectiva.

Las noticias falsas, o fake news han sido moneda corriente en estos días de alerta. El caso de “un contagiado que vino de Brasil” quizás reúne todas las aristas de los “efectos perversos” de la circulación de la información. Con el objetivo de resguardar a sus prójimos, grupos de personas difundieron audios de Whats App donde el presunto enfermo había asistido a un velorio y realizado un trámite personalmente en la municipalidad de Guaymallén, incentivando reacciones de pánico entre los allegados a esos círculos familiares y de trabajo. La información ha sido desmentida por la familia involucrada, pero ha causado una conmoción colectiva. Este “efecto perverso”, no deseado por las personas que difundieron los mensajes, descentra el foco de atención desde las medidas de protección anunciadas por los organismos oficiales hacia los miedos individuales a ser alcanzados por la pandemia.

La proliferación de información de dudosa rigurosidad científica y elaborada sobre rumores interfiere sobre los mensajes dictados por los organismos oficiales. La concientización sobre los “efectos perversos” de la proliferación de información que proviene de fuentes desconocidas o poco fiables, la priorización de noticias emitidas por medios masivos reconocidos, el respeto a la intimidad de las personas que han sido tocadas por la pandemia, y sobretodo, la puesta en práctica de las medidas oficiales, constituyen la principal barrera a este flagelo. Asimismo, se erigen en instrumentos fundamentales para enfrentar colectivamente esta adversidad que ha azotado al mundo globalizado.

Fuente: Los Andes

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