Desde la perspectiva del periodista Mario P. Székely la formación académica sigue siendo clave, especialmente para quienes desean trabajar en medios tradicionales como la radio, el cine, la televisión.
En un momento histórico marcado por la sobreabundancia de información, el auge de las redes sociales y la transformación constante de los medios, estudiar comunicación se ha convertido en una de las carreras con mayor relevancia para comprender y narrar el mundo actual. Así lo considera el periodista y analista Mario P. Székely, quien estuvo en el Tec de Monterrey campus San Luis Potosí para invitar a estudiantes a cursar la nueva carrera de Comunicación.
Ahí sostuvo que la sociedad vive hoy dentro de un ecosistema de historias, noticias y contenidos que circulan principalmente a través de los teléfonos celulares. Basta observar la vida cotidiana para entender la importancia de esta disciplina, pues millones de personas consumen información a través de sus dispositivos móviles, donde se cuentan historias de política, cultura, deportes o de la vida diaria. En ese entorno digital también han surgido nuevas figuras públicas, como los creadores de contenido y los llamados influencers, quienes logran captar la atención de miles o incluso millones de seguidores.
En ese contexto surge una pregunta fundamental, quién crea esas historias y con qué criterios se construyen, señala que estudiar comunicación permite entender cómo se generan los mensajes que circulan en la sociedad, cómo se verifican los hechos cuando se trata de noticias y de qué manera se puede garantizar cierto rigor periodístico en la información que llega a las audiencias.
Desde su perspectiva, la formación académica sigue siendo clave, especialmente para quienes desean trabajar en medios tradicionales como la radio, el cine, la televisión o las plataformas de streaming y aunque los formatos han cambiado, estos medios continúan requiriendo estructuras narrativas, técnicas de guion, conocimiento de géneros y comprensión de las tendencias de consumo.
Aprender a escribir un guión, comprender el trabajo de los actores, analizar los formatos narrativos o conocer las corrientes audiovisuales son herramientas que se adquieren dentro de una academia. Esa formación, asegura, permite que las historias tengan mayor impacto y claridad para las audiencias.
Pero la comunicación, no se limita únicamente a transmitir mensajes, también implica comprender a los demás. Una de las mayores virtudes de esta carrera es que permite conocer la historia del otro y validar su experiencia. Ese ejercicio, afirma, contribuye a construir una sociedad más humana y más justa.
Por esa razón, muchas universidades integran materias relacionadas con el humanismo, la historia, la música, la narrativa o el análisis del cine y la televisión y todas esas disciplinas ayudan a formar comunicadores capaces de contar historias con profundidad y sensibilidad.
Dentro de este panorama, el periodismo enfrenta uno de sus mayores retos, pues considera que en la actualidad tanto las universidades como los medios de comunicación tradicionales atraviesan un momento de transición, ya que las audiencias han modificado radicalmente su forma de consumir noticias.
A diferencia de décadas pasadas, cuando muchas personas dedicaban media hora a ver un noticiero televisivo en un horario fijo, hoy la información se consume de manera fragmentada. Las noticias se escuchan mientras se conduce, se leen rápidamente en el transporte público o se revisan en el teléfono mientras se realizan otras actividades.
Ante ese cambio de hábitos, el reto para las escuelas y los medios es formar periodistas capaces de adaptarse a nuevos lenguajes y formatos. No solo se trata de transmitir información, sino también de encontrar modelos que permitan reconectar a la ciudadanía con el periodismo profesional.
Advierte que en los últimos años algunos gobiernos han puesto en duda el papel del periodismo, lo que ha generado desconfianza hacia los medios tradicionales. A esto se suma el fenómeno de las redes sociales, donde muchas personas prefieren seguir a quienes piensan de manera similar a ellas y ofrecen interpretaciones de la realidad acordes con sus propias ideas.
Ese escenario, puede derivar en una sociedad menos crítica, donde la información circula sin cuestionamientos y donde predominan las versiones parciales de los hechos. Por ello, insiste en que el periodismo profesional sigue siendo necesario, ya que su función consiste en investigar, contrastar versiones y ofrecer diferentes puntos de vista para que las personas puedan tomar decisiones informadas.
Plantea que incluso las escuelas de periodismo deberían dialogar con otras carreras universitarias. Profesionales de áreas como medicina, arquitectura o contabilidad también pueden acercarse al trabajo periodístico, ya sea como especialistas que colaboren en la difusión del conocimiento o como ciudadanos capaces de reconocer la importancia de la información verificada.
El cierre de periódicos impresos y la migración de muchos medios hacia plataformas digitales también ha generado incertidumbre sobre el futuro del periodismo. Sin embargo, considera que el oficio no desaparecerá, aunque sí se transformará profundamente.
A su juicio, siempre existirá la necesidad de contar lo que sucede, en el escenario más extremo, cualquier persona que presencie un hecho relevante y lo registre con su teléfono puede convertirse momentáneamente en un narrador de la realidad. Sin embargo, captar una imagen es apenas el primer paso. Interpretar ese acontecimiento y explicar su contexto requiere un trabajo periodístico más amplio.
Preguntas como qué ocurrió, cómo sucedió, dónde, por qué y para qué siguen siendo fundamentales para entender un hecho. Esas bases, señala, forman parte de la esencia del periodismo desde sus orígenes y continúan siendo necesarias en la era digital.
Otro desafío importante es la polarización social, pues considera que los discursos que desacreditan al periodismo han encontrado terreno fértil en una sociedad acostumbrada a consumir información en redes sociales, donde muchas veces se privilegia la afinidad ideológica sobre la verificación de los hechos.
El problema no radica en que existan voces diversas o interpretaciones distintas de la realidad. Lo preocupante, explica, es cancelar la existencia de los medios profesionales que trabajan con criterios periodísticos.
El periodista, recuerda, cumple una función específica dentro de la sociedad: formular preguntas, investigar y representar el interés del público frente a gobiernos, empresas, deportistas o figuras públicas. Esa labor permite que los ciudadanos tengan elementos para comprender lo que ocurre a su alrededor.
Sin embargo, cuando el público deja de consumir información periodística o de apoyar a los medios, se produce un efecto económico inmediato. Las audiencias disminuyen, las marcas dejan de anunciarse, los ingresos caen y los medios entran en crisis, como consecuencia, se despiden periodistas y algunos proyectos informativos desaparecen.
A pesar de este panorama complejo, mantiene una visión optimista y considera que la transformación de los medios también abre oportunidades para crear nuevas plataformas informativas, tanto digitales como tradicionales.
Las futuras generaciones de periodistas, tendrán que imaginar y construir esos nuevos espacios de información, podrán hacerlo en internet, en formatos audiovisuales, en podcasts o incluso en proyectos independientes que surjan desde las comunidades.
Lo importante, concluye, es que el periodismo siga existiendo, porque la sociedad siempre necesitará comprender lo que ocurre a su alrededor. En medio del ruido informativo y de la multiplicación de voces en las redes sociales, el desafío para los comunicadores será demostrar por qué su trabajo sigue siendo necesario para la vida democrática.
Fuente: El Sol de San Luis
Autor: Patricia Calvillo
Imagen: Mario P. Székely